Siempre sucede algo parecido con las parodias: salvo honrosas excepciones, tienen un valor pornográfico bajo y en algunos casos tan paupérrimo que la mayoría de pornófilos con un mínimo de exigencia ni sacarían el paquete de kleenex. Hay casos, eso sí, en los que la obra parodiada ya tiene en sí misma cierta carga erótica […]
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